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La Guelaguetza: un espejo de México

Ambiente pintado de color, danzas tradicionales que desafían la fuerza del cuerpo y la gravedad, diversidad y mestizaje convergen en la Guelaguetza, una fiesta oaxaqueña repleta de vivacidad.

Bajo un cielo coloreado de papel picado, las diferentes etnias ofrecen una muestra de la majestuosidad cultural que compone a Oaxaca.

La Guelaguetza es hoy una de las fiestas culturales más importantes en América y es admirada en distintos rincones del planeta.

Es una celebración que orgullosa muestra su identidad indígena con ofrendas y flores que desnudan y exponen su verdadera raíz.

Oaxaca es un lugar que, en pleno siglo XXI, se viste del pasado para hacer alarde de su identidad.

Significado

Guelaguetza significa en lengua zapoteca ofrenda y es que esta fiesta en realidad es eso, una ofrenda a la diosa del maíz: Centéotl.

En el Cerro del Fortín, 8 comunidades - Cañada, Costa, Istmo, Mixteca, Papaloapan, Sierra Norte, Sierra Sur y Valles Centrales- se reúnen en los llamados “lunes del cerro” para expresar sus cosmovisión a partir de su música, bailes e indumentaria.

Sin embargo, la Guelaguetza es una celebración que tiene un significado más allá de lo meramente folclorico y visual, es un festejo de raíz.

Xicotencatl Vale, un joven bailarín que participa en la famosa danza de la pluma, reafirma que se trata de una fiesta que representa, para los pueblos oaxaqueños, la hermandad.

Y es que la Guelaguetza transcurre así, entre hermanos, comunidades que tienen un fuerte vínculo: su identidad y orgullo étnico.

Canastas y marionetas para una calenda

El sábado previo al inicio la Guelaguetza, se realiza el despampanante desfile de las delegaciones.

Se trata de una caminata en donde participan las 8 regiones de Oaxaca que se presentarán en el auditorio del Cerro del Fortín, donde se lleva a cabo la fiesta.

Esta calenda marca el principio de lo que será la gran celebración.

Entre las principales calles de la ciudad de Oaxaca se ven pasar estrellas de papel luminosas y coloridas, como sus participantes.

Muñecos de tela gigantes, elaborados a la imagen de quienes los portan, esferas de papel y mujeres con canastas de palma en los hombros avivan a una multitud dispuesta a dejarse enamorar.

Cada detalle es tan grande como la festividad, pues así son las fiestas entre hermanos: generosas. 

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La fiesta que enamora

Es una celebración que enamora hasta las lágrimas con sus bailes: con el zapateado y las vueltas en el aire.

Conquista con el envolvente ondeo de los faldones, que sutiles se mueven al ritmo de las manos de las mujeres.

Cae la noche mientras un cerro ruge y retumba con los aplausos de locales y foráneos, todos enamorados de un pueblo con costumbres milenarias.

La Guelaguetza, además de emanar alegría, también resulta para los asistentes una lección generosa de vida, de aprendizaje.

No es una lección que uno aprende con sermón, más bien es la realidad que uno descubre cuando ve su reflejo, porque la Guelaguetza es eso: un espejo honesto de nuestro México Extraordinario.